1- ¿Cuáles son los principales riesgos para la salud, a menor y mayor escala, del consumo de tabaco?

El tabaquismo es sin duda una de las grandes de los últimos siglos. La humanidad hace siglos superó las grandes epidemias infecciones (peste, cólera,...) como causa de mortalidad, y la época en la que enfermedades infecciosas se cronificaban y daban lugar a una merma notable de la salud en las poblaciones (lepra, tuberculosis,...). Hoy la mortalidad en nuestro planeta fundamentalmente se debe a causas cardiovasculares, respiratorias, y cáncer; todas ellas directa e indirectamente relacionadas con el consumo de tabaco. En nuestro país mueren anualmente más de 50.000 personas por enfermedades relacionadas directamente con el consumo de tabaco.

Pero además de la muerte, hay que destacar que el tabaquismo es causa indiscutible de multitud de enfermedades (algunas muy frecuentes) que no necesariamente causan la muerte a corto o medio plazo, pero que provocan una merma en la salud y un elevadísimo grado de malestar, incapacidad e incluso dependencia en quienes las sufren, como es el caso de enfermedades vasculares, o la Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC).

Se trata de una relación de riesgo, en la que el consumo de tabaco aumenta mucho (en algunos casos de forma escandalosa) el riesgo de padecer estas enfermedades, además de que ciertas patologías resultan casi inexistentes en no fumadores.

Como breve ilustración, tengamos en cuenta que el consumo de tabaco tiene acreditada fuera de toda duda su relación directa con muchos tipos de cáncer (no sólo el de pulmón o el de laringe, sino el de cavidad oral, el de vejiga, o el de riñón, influyendo negativamente también en el devenir de otros tan frecuentes como el de mama, según estudios recientes). Pero además es también claro que provoca daño en la pared vascular que lleva directamente a la aparición de aterosclerosis, y ello a problemas como infartos de miocardio, enfermedad vascular cerebral isquémica, y varices, entre otros. Otras entidades como la osteoporosis, la úlcera gastroduodenal, o problemas severos durante la gestación y en el neonato, también se conocen desde hace décadas.

2- ¿Cuáles son las sustancias del tabaco más peligrosas y por qué?

Con el tabaco sucede una cosa que dificulta contestar a esta pregunta, y es que al no tratarse de un alimento ni de un medicamento, la legislación que lo regula no le exige una declaración pormenorizada de sus contenidos (contrastemos con lo que se observa en locales que nos venden alimentos, que se esmeran en cumplir con la declaración de alérgenos, por ejemplo). Esto hay que añadirlo al hecho de que la forma de consumo del tabaco es fumándolo: No metemos en nuestro cuerpo lo que nos venden, sino el resultado de quemarlo. Por tanto, lo que tiene interés es saber qué tiene el Humo del Tabaco. Y, gracias a laboratorios independientes que lo llevan analizando décadas, sabemos que hay variabilidad en el contenido (no sólo por marca), y se han detectado más de 4.500 sustancias diferentes en él. Algunas procedentes de la propia hoja de la planta (nicotiana tabacum), como la nicotina o los alquitranes, y otras que son resultado del proceso de combustión del cigarrillo, como el Polonio 210 (elemento radiactivo que a un fumador de 20 cigarrillos diarios al año le supondría una radiación equivalente a realizarse más de 300 radiografías de tórax en ese período de tiempo).

El peligro deriva de dos cuestiones: una, la toxicidad, la asociación con la aparición de enfermedades mortales, o incapacitantes, por el daño celular que provocan sustancias como los alquitranes, los benzopirenos, o el propio Polonio 210, entre otras muchas (la nicotina deteriora la pared vascular y provoca a la postre la aparición de placas de ateroma). A ello debe sumarse que nuestra hemoglobina (dispuesta en nuestra sangre para el transporte de oxígeno), tiene una afinidad más de 200 veces superior por el monóxido de carbono presente en el humo de tabaco que inhalemos, que por el oxígeno, con lo que un fumador podría estar inutilizando un porcentaje nada despreciable (entre un 5 y un 10%, incluso) de su capacidad de transporte de Oxígeno, y oxigenación de sus tejidos.

La segunda cuestión, no sé si más importante, si cabe, es la que condiciona la nicotina, como sustancia con un poder adictivo considerado superior al de la heroína. Ésta genera en el sistema nervioso central la génesis de un proceso de adicción física incuestionable, que dificulta muchísimo el abandono del consumo de tabaco por parte del fumador, y, además, mantiene indefinidamente tras el logro de dejar de fumar un elevado riesgo de recaída cuando de forma anecdótica se vuelve a inhalar humo de tabaco.

3- ¿Qué diferencias existen entre el tabaco rubio y el negro? ¿Son igual de perjudiciales? ¿Y el tabaco light?

El tabaco rubio y el tabaco negro en realidad se diferencian únicamente en el tipo de hoja de tabaco utilizada en la fabricación del cigarrillo. Hay diferentes variedades de Nicotiana Tabacum (virginia, …). Sucede como con las variedades de café. La elección de una u otra o las diferentes combinaciones caracterizan sus propiedades organolépticas, que luego casan o no con las preferencias del consumidor. Por tanto, nada tiene que ver esto con los riesgos del consumo de tabaco sobre la salud.

En cuanto al tabaco light, esto fue el gran invento de la industria tabaquera cuando comenzaron a extenderse socialmente las informaciones fehacientes sobre los riesgos del uso de tabaco para nuestra salud.

Copiando el concepto “light” de los alimentos pretendidamente bajos en calorías, el tabaco “light” prometía unos riesgos menores, amparado en una presunta menor concentración de alquitranes y nicotina en sus cigarrillos. Desde hace muchísimos años sabemos que no es así, y que el tabaco light se asocia no sólo al mismo riesgo de aparición de enfermedades, sino que además lleva aparejada una falsa sensación (muy peligrosa) de tranquilidad de quien lo fuma.

Como hemos comentado, en realidad lo que provoca enfermedades no es lo que tiene el tabaco como lo compramos, sino lo que hay en el humo derivado de su combustión.

4- ¿Qué opina del cigarrillo electrónico?

Nuevamente, es una treta de la industria para abordar un mercado emergente. El vapeo es algo conocido desde hace muchos años, para el cual se comercializaba un sinfín de dispositivos, muchos de ellos sin parecido alguno a un cigarrillo. ¿Por qué se pone de moda? Es fácil pensar que porque afortunadamente son cada vez más los fumadores preocupados por los efectos del tabaco, y cada vez más los que intentan dejarlo, con mayor o menor fortuna en la tarea. Poner en el mercado un producto similar, que proporciona nicotina sin humo (por tanto teóricamente sin los otros componentes del humo que provocan tanta enfermedad y muerte), e incluso que sin aportar nicotina, nos evita el estrés de no tener un cigarrillo entre los dedos, lógicamente puede ser una forma de abarcar también a ese sector poblacional como consumidores.

La pretensión de ponerlo en el mercado como alternativa seria para lograr el abandono del tabaquismo lo convertiría en un producto “de farmacia” que debería someterse escrupulosamente a la legislación vigente en ese terreno, y, por tanto, acreditar fehacientemente ante las autoridades sanitarias (como cualquier otro producto de farmacia) no sólo que es útil, sino que al menos lo es tanto como las otras alternativas que se dispensan en farmacia para lo mismo.

De otra parte, la comercialización como “labor del tabaco” (como los cigarrillos, los puros, o el tabaco para liar), exigiría su sometimiento a las leyes correspondientes, incluídas las de restricción de su uso en lugares públicos.

Los fabricantes han intentado esquivar ambas alternativas vendiéndolo como producto “para fumar donde no se puede fumar”. Sin embargo, la Comisión Europea ha estado atenta a ello, y hace pocos años aprobó una directiva para todos los países de la Unión que, entre otros, equipara (a efectos de la restricción de su consumo), el cigarrillo electrónico a las labores del tabaco ya conocidas.

El cigarrillo electrónico hasta el momento no es una opción seria para lograr dejar de fumar, con toda rotundidad.

5.- ¿A quién se le puede considerar fumador pasivo y qué riesgos tiene?

El fumador pasivo, o fumador de “humo de segunda mano”, o persona expuesta al “HAT” (humo ambiental de tabaco), es cualquier persona que permanezca en un lugar en el que se está fumando (esté o no al aire libre, pensemos en la cola del auditorio, o en una parada de guagua, o un concierto o manifestación, por ejemplo). Concretamente consideramos “fumador pasivo” a quien está expuesto a ese HAT de forma frecuente, bien porque sus compañeros de trabajo fuman, o porque lo hace un familiar o conviviente, o por otras circunstancias.

Los riesgos del fumador pasivo son los mismos que los del fumador “activo”. El humo al que está expuesto (y sus componentes, por tanto) es el mismo. La única diferencia estribaría, en todo caso, en que el fumador está expuesto también a lo que se denomina “corriente principal” de humo, que es la que pasa por el filtro con cada calada. El humo que sale por el extremo del cigarrillo que se está consumiendo, y el que exhala el propio fumador, es compartido por el fumador y por quienes estén en su entorno.

6.- ¿Por qué es tan difícil abandonar este vicio? ¿cuáles son los beneficios de dejarlo?

Antes que nada, conviene señalar que el tabaquismo, más que un “vicio” debe ser considerado una adicción. En concreto es una adicción compleja, que implica no sólo una dependencia física, de la que la nicotina es la principal responsable, sino también una dependencia psicosocial, en tanto que en la vida de un fumador se han ido creando una serie de hábitos (como fumar con el café, o en situaciones de relación social, o para concentrarse, o para relajarse,...) que luego cuesta mucho trabajo erradicar.

Sin embargo, lo que espera después merece la pena. Los beneficios del abandono no son sólo en términos de reducción del riesgo de enfermedades y muerte. También mejoran muchas otras cosas, mucho más perceptibles, incluso desde el primer día (como las sensaciones olfativas, el gusto, la capacidad física, y, sobre todo la satisfacción personal del logro conseguido.

7.- ¿Cómo puede ayudar una Unidad como ésta (Unidad de tabaquismo) a alguien que quiere dejar de fumar?

El proceso del abandono no es fácil, pero es tan posible como que cada vez más fumadores lo dejan. Las perspectivas de éxito en la tarea, obviamente, son mucho mayores cuando se hace con ayuda.

Los remedios “infalibles” para dejar de fumar son tan engañosos como carentes de toda ética profesional. Hay muchísimos recursos para ayudar a quien decide embarcarse en esta tarea, y hacérsela más llevadera. La mayoría son útiles y muchos hasta lo han podido acreditar con estudios científicos. Pero no todos le valen a cada fumador.

En nuestra Unidad tratamos de seleccionar para cada paciente la alternativa terapéutica más adecuada que creemos que le podrá ayudar más en su camino a ser ex-fumador. Esto conlleva no sólo el uso de recursos farmacológicos (en caso necesario), sino también recursos de la psicología cognitivo-conductual, que ayudarán mucho en el proceso de mantenimiento posterior a dejar de fumar (que nos interesa mucho más).

Para ello contamos con un equipo profesional que realiza una valoración inicial exhaustiva a nivel pulmonar y a nivel psicológico, además de un seguimiento durante el proceso.

8.- ¿Cuáles son los principales motivos que llevan a un fumador abandonar el cigarro?

De lo más variado. Hay motivos que nacen desde una merma en la salud, como ocurre cuando a uno le diagnostican una enfermedad relacionada, o bien por una vivencia similar en alguien cercano. O en términos positivos, cuando uno lo que desea es mejorar su capacidad funcional, subir la escalera de casa sin llegar asfixiado...

Pero también hay pacientes que llegan a consulta para dejar de fumar porque quieren romper esa relación de dependencia con el cigarrillo, e incluso quienes lo que buscan es un ahorro económico (¡que también lo es!).

Desgraciadamente, en nuestra experiencia, quizás el motivo más habitual es el de salud. Personalmente preferiría que no esperásemos a tener el diagnóstico de una patología relacionada para intentar dejar de fumar, pero lo cierto es que cualquier razón es válida si nos motiva lo suficiente.

9.- ¿Qué es mejor, dejar el tabaco “de golpe” o de forma progresiva? Consejos

Lo mejor, sin duda, es dejarlo y que sea definitivo, mantenerse abstinente al cabo del tiempo. A algunas personas les es más fácil dejarlo por completo de un día para otro. Sin embargo no es lo más habitual, y la mayoría de los fumadores prefieren un abandono más gradual. Tanto en un caso como en el otro hay perspectivas de éxito, y también recursos terapéuticos para hacerlo más fácil.

En general solemos recomendar una reducción gradual del número de cigarrillos, si bien con una serie de precauciones, como estar atentos a no hacer inhalaciones profundas, ni consumir más cantidad de cigarrillo de lo que se hacía (podemos estar consumiendo, sin querer, la misma cantidad de humo con menor número de cigarrillos). Suele ayudar también irse estableciendo zonas “libres de humo” (el coche, la casa, etc), o disponer los utensilios de fumar (mechero, paquete, cenicero), de forma que nos dificulta el consumo automatizado de tabaco.

Sin duda algo muy provechoso es hacer un autoanálisis del hábito de consumo, con una hoja de autorregistro en la que valoremos cada cigarrillo consumido. De esta forma a menudo se reduce, sin pretenderlo directamente, el número total que fumamos.

10.- ¿En cuánto tiempo empieza a recuperarse tu cuerpo desde que dejas el cigarrillo?

El riesgo de muerte atribuible a enfermedades directamente relacionadas con el consumo de tabaco se reduce a la mitad al primer año después del abandono, y se iguala al de un no fumador (para nadie es cero) cuando han pasado 10 años desde que se dejó de fumar.

Sin embargo, son muchísimos los beneficios en salud que se empiezan a percibir incluso en los primeros días tras el abandono. Las sensaciones olfativas y gustativas reaparecen en pocos días tras dejar de fumar. En general esto es algo a lo que los exfumadores se refieren repetidamente como placentero. Es volver a disfrutar de los sentidos.

También es rápida la mejora en capacidad física. Evidentemente depende de la forma física que tengamos y de la coexistencia o no de enfermedades cardiacas o respiratorias, pero sí es una constante que a poco de dejar el consumo de tabaco, notamos más resistencia a la actividad física, mejor aguante a subir una escalera o a caminar con amigos o personas de nuestra misma edad.

También recuperamos rápidamente la funcionalidad ciliar en el aparato respiratorio. Éste se defiende de las infecciones, entre otros, con la secreción de mucosidad (muy marcada en el fumador) y la existencia de cilios (como pequeños “pelitos”) tapizando todo el árbol bronquial, que se mueven continuamente tratando de arrastrar ese moco desde la zona más profunda del aparato respiratorio hacia el exterior. Este movimiento queda abolido en el fumador, pero es una de las primeras cosas que se recupera. Por eso cuando dejamos de fumar, estamos durante un tiempo (que pueden ser varios meses), con mucha expectoración, sobre todo matinal. Esto no es sino la señal de que todo va volviendo a su estado original de funcionamiento.

Todo esto son cambios que suceden en los primeros días sin fumar.

La reducción del riesgo de enfermar depende no sólo de lo que estemos o no fumando, sino también de lo que hayamos fumado en el pasado, tanto en cuanto a su cantidad diaria como en lo referente al tiempo desde que nos iniciamos en el consumo. Por ello se trata de una probabilidad (la de enfermar) que va a ir reduciéndose gradualmente a lo largo de varios años.

11.- ¿Hasta que punto es importante el apoyo social (familia, amigos, profesionales…)?

No podemos decir que el apoyo externo sea imprescindible, ni fundamental, para el abandono. Hay personas que lo consiguen solos, e incluso con un entorno adverso (familiares que fuman e incluso inconscientemente dudan en voz alta de la posibilidad de que lo logren). El hecho de que haya fumadores que logren el abandono casi con sólo proponérselo, y otros que acumulen muchas recaídas hasta el logro definitivo, o que unos precisen medicación y otros no, hoy sabemos que es algo mediado por la genética, por particularidades bioquímicas en la interacción de la nicotina con nuestro organismo.

Sin embargo, sobre lo que no hay duda es que dejar de fumar con el apoyo de los que queremos, y con ayuda profesional aumenta muchísimo las posibilidades de éxito. Igualmente, el uso de fármacos específicos, en algunos casos también multiplica las posibilidades de conseguirlo de forma definitiva.

12.- En el tratamiento para dejar de fumar, ¿se prescriben medicamentos? ¿en qué casos?

El manejo del abandono del tabaco es, como sucede cada vez con más patologías, algo que debe ser individualizado. No hay dos personas iguales, y por tanto, tampoco hay dos fumadores iguales. Hoy sabemos que la utilización de algunos fármacos aumenta muchísimo la probabilidad de éxito en la tarea de dejar de fumar, y (algo más importante), las perspectivas de mantenerse abstinente más allá del año después de haberlo hecho.

Esto es muy importante, pero evidentemente no todas las personas son candidatas a utilizar estos fármacos. La indicación de ellos depende no sólo de posibles interacciones con otros medicamentos que tome, antecedentes personales de ciertas patologías que los podrían contraindicar, sino también de la fase del proceso de abandono en que se encuentre. Por suerte contamos con diferentes alternativas farmacológicas, que podremos seleccionar en cada caso.

No obstante, no está de más recordar que lo ideal, que es lo que llevamos a cabo en nuestra unidad, es el llamado “manejo combinado” (o “terapia combinada”) que aúna el tratamiento farmacológico con el abordaje cognitivo-conductual.

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