“En el TDAH la cooperación es vital para llegar a buen puerto”

El TDAH es un trastorno psiquiátrico, con mayor prevalencia en la infancia, que en España afecta al 6.8% de los niños en edad escolar. Audrey Sagols, pediatra de Centro Médico Tres Ramblas y experta en TDAH, explica en qué consiste esta enfermedad y qué medidas hay que adoptar en estos casos:  

¿Qué es el TDAH?

El TDAH (Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad) es una enfermedad de origen orgánico en la que una o más de las sustancias que transmiten la información al cerebro (dopamina fundamentalmente) están afectadas. De esta forma, las personas con TDAH padecen alteraciones físicas en el tamaño, conectividad y el modo en el que funciona su cerebro.

¿Cuáles son los síntomas de una persona con este trastorno?

Los síntomas del TDAH dependerán de la forma en la que se presente el trastorno. La primera presentación es la inatenta, más frecuente en niñas. El síntoma que prevalece es la falta de atención. Según el Manual Estadístico y de Diagnóstico de los Trastornos Mentales (DSM-5), para que se considere inatención el niño tiene que cumplir 6 de estos 9 criterios: no prestar suficiente atención a los detalles o cometer errores en las tareas escolares, trabajo u otras actividades, debe tener dificultades para mantener la atención en tareas o actividades lúdicas, debe parecer que no escucha cuando se le habla directamente, no seguir instrucciones y no finalizar tareas escolares, encargos u obligaciones en el lugar de trabajo, debe tener dificultad para organizar tareas y actividades, le disgustan las tareas que requieren un esfuerzo mental y las evita, extravía objetos innecesarios para tareas o actividades, se distrae fácilmente por estímulos irrelevantes y es descuidado en las actividades diarias. La segunda presentación es la hiperactiva/impulsiva, en la que los síntomas que prevalecen son la hiperactividad y/o impulsividad. Según el DSM-5, para que se considere inatención se tienen que cumplir 6 de estos 9 criterios: mover en exceso manos y pies o removerse en su asiento, abandonar su asiento en clase y en otras situaciones en las que se espera que permanezca sentado,  correr o saltar excesivamente en situaciones en las que es inapropiado hacerlo, debe tener dificultades para jugar o dedicarse tranquilamente a actividades de ocio, hablar excesivamente, precipitar respuestas antes de haber acabado las preguntas, interrumpir o estorbar a otros y tener dificultad para guardar su turno. Por último, la tercera presentación es la combinada, que es la más frecuente y engloba características de los dos.

¿Cómo se diagnostica y quién lo hace?

Existe un protocolo de actuación muy bien definido: si es el maestro el que detecta el problema, deberá solicitar un informe educativo al orientador escolar para que los padres puedan acudir con él al pediatra y poder establecer un diagnóstico. Si por el contrario, es la madre la que acude al médico con dudas respecto a su hijo, el pediatra solicitará al orientador  escolar la elaboración del informe educativo para, una vez recibido, comenzar con el resto de la exploración. No se solicitarán analíticas a menos que el historial clínico dé indicios de alguna otra enfermedad orgánica que haya que descartar. Tampoco son necesarios electroencefalogramas o TAC a menos que se sospeche de una epilepsia o un síndrome de alcohol fetal. Cuando en el curso de la exploración se aprecie alguna otra comorbilidad psiquiátrica asociada como el trastorno del espectro autista (TEA), ansiedad, depresión trastorno de conducta, trastorno disocial, trastorno límite de la personalidad, esquizofrenia, trastorno bipolar, etc., se derivará al especialista en psiquiatría. Se derivará a neurología cuando se aprecien trastornos tipo tics, epilepsia o algún trastorno que sugiera algún síndrome genético. Si se detecta algún trastorno por uso de sustancias se derivará a las Unidades de atención a la drogodependencia. Todos estos trastornos pueden ser padecidos simultáneamente con el TDAH.

¿Por qué se padece este trastorno?

Existen muchas investigaciones en marcha y mucho que investigar, pero lo que se sabe hasta el momento es que el TDAH es una enfermedad genética hereditaria. El alcohol, tabaco u otros tóxicos pueden alterar los genes durante el embarazo. El entorno del niño también puede actuar modulando la forma de presentarse y la intensidad de los síntomas.

¿De qué forma se trata?

El TDAH tiene cuatro pilares básicos que, como cualquier mesa, cojea cuando falta uno. En primer lugar, la psicoeducación, en la que los padres son los principales terapeutas del niño. Tienen que comprender lo que les pasa y por qué, cuáles son sus carencias y puntos fuertes y trabajar con ellos. Tienen que dominar técnicas de manejo conductual adecuadas para el trastorno en general, y para el carácter de su hijo en particular. En segundo lugar, el apoyo escolar, que no solo significa que pongan al niño en clases de apoyo, sino que también los profesores que tratan con niños con TDAH  dominen el manejo conductual en el aula, así como las medidas metodológicas que se tienen que aplicar en estos casos. En tercer lugar, la terapia Cognitivo-conductual, que sirve para modular las conductas y mejorar las funciones ejecutivas y, por último, el tratamiento farmacológico, según el cual, los medicamentos se elegirán en función de las características de cada niño. En España hay aprobados tres medicamentos: Metilfenidato, Lisdexanfetamina (ambos estimulantes de la función cerebral) y Atomoxetina (no estimulante).

¿Se puede presentar tanto en mayores como en niños? En este caso, ¿la forma de tratarlo sería la misma?

El TDAH sí existe en adultos. Muchos de ellos llevan una vida normal, aunque muchos otros padecen de ansiedad u otros trastornos. Otros adultos han evolucionado difícilmente por falta de diagnóstico y actuación en la infancia. Existe un estudio reciente en población carcelaria que indica que aproximadamente el 40% de los reclusos tenía posible diagnóstico de TDAH. Es un dato impresionante que nos anima a seguir trabajando para que no se nos escapen los diagnósticos en la edad pediátrica.

¿Cómo deben afrontar el trastorno familiares de personas con TDAH?

Con mucha información. Existen asociaciones de padres de niños TDAH que ayudan a comprender y apoyar. 

En el caso de los niños, ¿qué medidas deben adoptar los colegios?

En nuestro protocolo de educación en atención a las NEAE están bien establecidas las medidas a adoptar en los colegios. En el aula habría que sentar a los niños cerca de modelos positivos, lejos de distracciones y cerca del profesor, fragmentar y supervisar las tareas en clase y para llevar a casa, combinar tareas motivadoras con aburridas, utilizar refuerzos positivos, usar indicadores visuales a la hora de explicar, comprobar que el niño comprende adecuadamente lo que tiene que hacer en cada tarea, utilizar la agenda independientemente del nivel educativo, espaciar las instrucciones de trabajo, escribir las instrucciones por pasos, escribir las reglas de comportamiento en clase para que estén visibles, asegurarse de que comprende las normas y las consecuencias de no cumplirlas y reforzar positivamente las conductas adecuadas. Durante los exámenes también hay que tener en cuenta varias medidas como ofrecer la posibilidad de que realice el examen de forma oral, excepto en lengua y matemáticas, flexibilidad en la duración, leer con el niño las preguntas y comprobar que entiende lo que se le está preguntando, indicarle que tiene que repasar y controlar el tiempo, animarle mientras realiza el examen, darle a conocer con antelación, por escrito y con acuse de recibo de los padres las fechas de exámenes y utilizar la evaluación continua.  

¿Qué otras medidas en niños recomendaría en casa?

A los padres de mis pacientes les recomiendo otras estrategias como no castigarles ni premiarles a largo plazo, trabajar con ellos placeres diarios (videojuegos, teléfono, televisión, ordenador…), trabajar las habilidades de una en una y con motivación extra, antes de enseñar algo hay que pensar: ¿le estoy pidiendo algo que supera sus capacidades?, ¿me está prestando atención?, ¿le he mostrado lo que quiero que haga?, ¿tiene motivo para hacerlo?, ¿se lo pido de forma cariñosa y le recompenso si lo hace?, hacer tablas de tareas divididas a lo largo del día en períodos cortos y controlados de tiempo, pactar las habilidades por tramos y recompensar por las tareas conseguidas antes del cole, en el cole, antes de la cena o después de la cena y sobre todo,  potenciar el esfuerzo-recompensa.

¿Y en la adolescencia?

Realizar contratos escritos, equilibrados y recusables con recompensas, escribir las conductas adecuadas para que estén visibles, ignorar las malas conductas si son leves, y reforzar las buenas, no castigarle todo el rato, evitar situaciones en las que el adolescente tenga una conducta inadecuada y no intentar modificarla de una vez, facilitar las relaciones con iguales para la adquisición de habilidades sociales y entrenarle en habilidades organizativas.

¿Qué hay que hacer si al niño le da un estallido emocional?

En primer lugar pactar un lugar para que se calme y dejarle sólo hasta que lo haga.  Tras eso hay que ayudarle a que aprenda formas alternativas de solucionar problemas por pasos, para así controlar la impulsividad. Para ello hay que identificar el problema, buscar soluciones, elegir cuál es la mejor solución para el niño y ponerla en práctica, evaluar cómo ha ido la solución y hacer ver lo positivo manteniendo la escucha activa sin sentirnos agredidos ni perder los nervios.

 

 

 

 

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